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EL ÉXITO

Para poder fijar con exactitud el significado de la palabra “éxito”, comienzo explicando que según el diccionario del idioma español, publicado por el experto Doctor EDWIN B. WILLIAN, el “Éxito” está conceptualmente definido como; “El fin o termino de un asunto; Un resultado feliz”.

Con fundamento en el anterior concepto, es claro que el “Éxito “Personal”, puede ser conceptualmente entendido como; “El fin feliz o el buen término a un propósito personal”; es decir, que para cualquier persona normal, común y corriente de nuestra sociedad, el verdadero éxito personal consistiría en la idea o juicio de: “Lograr una vida feliz al poder darle un buen término a sus propósitos personales”.

Ahora bien, según la opinión del autor de la presente obra, el verdadero éxito personal y la autentica felicidad en la vida, se pueden lograr fácilmente al desarrollar: “Una correcta visión de nuestro futuro personal, incluyendo algún propósito solidario, que con actitud mental positiva, responsabilidad social y nuestros especiales conocimientos, talentos, habilidades y virtudes, podamos llevar a buen término durante la vida”-

Lo anterior, en razón, a que lógicamente sería un verdadero final, un buen término o un resultado feliz a nuestras vidas; el poder lograr con nuestro esfuerzo personal, solidaridad y actitud mental positiva, el prestarle un valioso servicio a la humanidad.

Según nuestra larga experiencia personal y profesional, el verdadero éxito personal en la vida, se expresa únicamente en la inmensa felicidad y satisfacción que sentimos absolutamente todos los seres humanos, al poder constatar durante nuestra existencia, que hemos podido lograr dejar un legado importante, valioso, útil o trascendental para la humanidad.

Es necesario tener presente, que en nuestro concepto no es lo mismo proponerse lograr en la vida el verdadero “Éxito Personal” y la autentica “Felicidad”; que dedicarse a obtener “Éxito Económico” y “Satisfacciones Corporales”: Pues, la riqueza y los placeres del cuerpo, a pesar de brindarnos bienestar y muchas comodidades, satisfacciones y alegrías, no lo son todo en la vida, son efímeras y no garantizan el verdadero éxito personal y la auténtica felicidad.

Recordemos que la “codicia” es precisamente el deseo desordenado del ser humano por acumular mucha riqueza, bienes y posesiones. Por eso, en una hermosa parábola sobre la responsabilidad social, cuenta Jesús en el evangelio, que un hombre tuvo grandes cosechas en sus campos y, él en ves de repartir a los pobres lo que sobraba, se propuso construir grandes depósitos para guardar allí todo egoístamente, y dijo; “Ahora si, a pasar sobradamente todo el resto de mi vida, comiendo, bebiendo y descansando, porque tengo muchas riquezas”. Pero Jesús le replicó inmediatamente: “Imprudente, esta misma noche va a ser juzgada tu alma. Y todas las riquezas que amontonaste ¿para quién van a servir?”. Y terminó Jesús advirtiéndoles a todos los presentes; Evitad toda codicia, la salvación no está en las riquezas. Lo que sucedió a éste, le sucederá a quienes atesoren riquezas para sí mismos y no se enriquecen en obras buenas delante de Dios”. (Lucas 12, 16).

La mejor prueba de estas graves advertencias de Jesús sobre la “codicia”, es que en el mundo entero han existido muchas personas, que a pesar de haber sido multimillonarios y disfrutado de todos los inimaginables lujos y placeres que ofrece la vida, nunca lograron el verdadero éxito personal y la auténtica felicidad. Por ejemplo están los conocidos y lamentables casos de; Pablo Escobar Gaviria, los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela, Antonio Cervantes “El Kid Pambelé”, Sadan Hussein, Michel Jackson, Elvis Presley o Marilyn Monroe.

Pero, por el contrario, también han existido unos pocos personajes de la historia universal, que a pesar de no haber acumulado un solo peso en sus patrimonios y subsistido austeramente, alcanzaron el verdadero éxito personal y la auténtica felicidad en la vida, al haber dejado un legado realmente trascendental de obras buenas delante de Dios. Es el caso de personajes inolvidables como; Jesús Cristo, Buda, Mahoma, Indira Gandhi, la Madre Teresa de Calcuta, Santo Tomás de Aquino, Dalai Lamma o su santidad Juan Pablo Segundo.

Además, no podemos olvidar que en el mundo entero han existido y existen muchas personas, que según la moderna visión de la vida, han combinado el éxito personal con el éxito económico; y la felicidad espiritual con las satisfacciones personales; pues, a pesar de haber acumulado inmensas fortunas, ser supremamente exitosos e inmensamente famosos, también han sido muy generosos, solidarios y felices, al momento de realizar obras buenas delante de los ojos de Dios y cumplir con su correspondiente responsabilidad social ante los ojos de los hombres. Son los respetados casos de: Shakira, Juanes, Luis Carlos Sarmiento Angulo, Julio Mario Santo Domingo, Bill Gates o Leidy Diana.

El prestigioso Abogado Dr., ROBIN S. SHARMA, autor de la inolvidable obra literaria; “Las 8 Claves del Liderazgo del Monje que Vendió su Ferrari”: Respecto de la verdadera felicidad en la vida, nos aconsejó lo siguiente:

“-Lo cierto Peter. Es que desde estuve con los sabios en el Sivana, he aprendido que cada nuevo día es un regalo. Todos los días son especiales y están colmados de pequeñas bendiciones, Cuando era un abogado agobiado por el tiempo y desequilibrado, estaba tan ocupado persiguiendo el éxito que dejé de prestar atención a los pequeños placeres que nos ofrece la vida. Perdía a mi familia y a mis amigos. Y en última instancia, perdí la salud. Claro que gané mucho dinero y tuve los juguetes con que sueña todo el mundo. Pero no era feliz, no estaba realizado. De modo que ahora, aunque conservo algunas cosas, disfruto con los momentos especiales que trae cada día y busco lo extraordinario en lo ordinario”

 

En mi real historia personal y profesional, me sucedió algo muy parecido a lo que le sucedió en la ficción al prestigioso abogado Julien, el monje que vendió su Ferrari; lo cual relato sucintamente en este libro, como simples anécdotas que son ciertas y que me han dejado sabias moralejas.

Y lo digo, porque desde que descubrí las diez leyes universales del comportamiento humano para lograr el verdadero éxito personal y la autentica felicidad: Primero, aprendí que cada segundo de nuestra efímera vida no solo es un regalo de Dios, sino, una inmensa oportunidad que nos ofrece la vida para servir al prójimo en la tierra y ganar indulgencias en el cielo: Segundo, descubrí que todos los días no solo son especiales y están colmados de pequeños milagros, sino, que cuando pasan a la historia son un tiempo que ya morimos, que nunca volveremos a vivir y que en consecuencia no tiene precio alguno: Tercero, constaté que yo también cuando fui un prestigioso abogado y líder político, solo logré vivir agobiado por el trámite de cientos de delicados procesos, la lentitud de la administración de justicia  y las cobardes amenazas en contra de mi vida; Cuarto, vislumbré que yo también estaba tan ocupado persiguiendo el éxito, la fama y el poder, con el objetivo de ayudar masivamente a los demás, que dejé de prestar atención a mi propia salud física, mental y espiritual: Y, quinto, confirmé que yo también había perdido mi tranquilidad en la vida y que por cada caso famoso que ganaba en justicia solo me ganaba otro enemigo gratuito.

Claro está, que como personaje, abogado y líder político de mi ciudad natal, fui muy famoso, desempeñé altos cargos, gané mucho dinero, tuve un lujoso apartamento, cree una inmensa oficina y compré los mejores carros; además, disfrute de las mujeres, los banquetes y placeres con que sueña todo hombre: Pero, como Julien, el monje que vendió su Ferrari, tampoco era verdaderamente feliz, no estaba realizado en mi fervoroso deseo de lograr la verdadera felicidad espiritual y sentía que estaba arriesgando mi vida en pleitos jurídicos entre particulares que no le reportaban un verdadero beneficio a toda la sociedad.

De modo que decidí con fe pedirle a Dios que me ayudara a tener una nueva visión de mi vida, de mi verdadera misión en la tierra y de los objetivos solidarios que debería cumplir, a fin de poder lograr el verdadero éxito personal y la auténtica felicidad; y Dios me escuchó, pues, aunque también conservo algunas cosas de mi anterior vida de prestigioso líder político y abogado, ahora disfruto cada día como si fuera el último de mi existencia; ahora trato de perfeccionarme a mi mismo todos los días; ahora cumplo con mi responsabilidad social al dedicarme apasionadamente a la defensa de los Derechos Colectivos; y ahora busco permanentemente mi felicidad en la ayuda al prójimo.

Respetuosamente.,

JUAN CARLOS ECHEVERRY NARVAEZZ.