Es absolutamente claro que la principal causa de contaminación de las centrales nucleares son los residuos en la producción de energía eléctrica.

Los residuos sólidos, gaseosos y líquidos de baja radiactividad, que por no superar los niveles de peligrosidad fijados por los organismos de control radiactivo, son vertidos sin más al medio ambiente. Por ejemplo, a los mares donde ya están causando malformaciones congénitas a los peces que consumen posteriormente los seres humanos. 

Recientes estudios científicos demuestran que estos residuos de baja actividad, al ser asimilados por los seres vivos, contribuyen a la dispersión de sus efectos y, lo que aún es más grave, a la amplificación de los mismos, al irse concentrando las dosis en los eslabones de las cadenas alimentarías, alcanzando dosis mucho mayores que las primitivas.

El problema principal, al que las compañías eléctricas nunca dan contestación, es el de la eliminación de los residuos altamente radiactivos. El combustible irradiado, es decir, el uranio quemado por las centrales nucleares, es almacenado provisionalmente en el mismo recinto de las centrales. Su peligrosidad es enorme y por ello su manejo es una de las fases más complicadas de todo el proceso.

¿Qué piensan hacer las compañías eléctricas con este material?, preguntamos los ecologistas de FUNDACOLECTIVOS. Hasta ahora, estaba previsto que una central pudiera almacenar este combustible irradiado durante cinco años. Pero, irresponsablemente ahora han ampliado considerablemente este margen, cuando está claro que el combustible irradiado no puede almacenarse indefinidamente.

La causa,  radica en la imposibilidad de las plantas de retratamiento de Winscale, en Gran Bretaña, y Le Haag, en Francia, para procesar este material, recuperando del mismo su contenido de uranio enriquecido y de plutonio, útiles como combustible el primero y como materia prima para fabricar bombas atómicas, el segundo.

Lo anterior es un peligro inminente para todos los seres vivos del planeta, pues, el combustible irradiado no puede almacenarse indefinidamente tal y como sale del reactor. No existe recipiente en el mundo que pueda aguantar las elevadas temperaturas que desprende este material durante los miles de años de actividad radiactiva. Y cuando falla el servicio de energía o sucede una catástrofe natural, entonces no se pude refrigerar los recipientes contenedores, como acaba de suceder el Japón.

Estos residuos atómicos ahora son reprocesados, no sólo para recuperar los elementos antes mencionados, sino también, para poder cristalizarlos, una vez reducida su capacidad radiactiva inicial, y almacenarlos en minas salinas o formaciones rocosas. Que horror, esto es una locura de los seres humanos, que inclusive los arrojan ilegalmente al mar en contenedores.

Suponiendo que Colombia o Venezuela dispusiera algún día de una planta de Energía Nuclear o de reprocesamiento, ¿dónde se almacenarían los residuos de ésta?, y por otro lado, ¿qué Gobierno puede responsabilizarse de la requerida estabilidad política para que el almacenamiento de estos residuos fuera seguro durante su vida activa, calculada para algunos elementos en más de 20.000 años?. Ojala a los Colombianos o Venezolanos, no se les ocurra semejante atrocidad y que los Actores Populares estemos preparados para iniciar las acciones judiciales correspondientes para la defensa del medio ambiente, los ecosistemas y la biodiversidad.

Ese es precisamente el mayor temor de los ecologistas en Venezuela y Colombia, nosotros opinamos que la técnica no está al margen de la política. La utilización de una tecnología es consecuencia y a su vez determinante de un modelo de sociedad.

El desarrollo consumista en que nos encontramos crea un continuo aumento de la demanda de energía, y para servir a dicha demanda, se pone en marcha el plan de nuclearizar Sur América. El mismo método político de implantar esta decisión recuerda lo irresponsables que somos los seres humanos con el planeta y nuestros hijos. 

Fundacolectivos invita a todos los Ecologistas de Sur América a oponernos al uso de la energía nuclear en nuestro continente y Estados, por que ello viola todos los derechos e intereses colectivos. Precisamente, la ley 472 de 1998, consagra en Colombia como Derechos Colectivos;  “La prohibición de la fabricación, importación, posesión, uso de armas químicas, biológicas y nucleares”; “La introducción al territorio nacional de residuos nucleares o tóxicos”; Y el “derecho a la seguridad y prevención de desastres previsibles técnicamente.”

Respetuosamente.,

JUAN CARLOS ECHEVERRY NARVAEZ.

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